domingo, 20 de mayo de 2012

ADELAIDE "El final del verano"

ADELAIDE
El final del verano.

-La segunda a la derecha y luego giras a la izquierda. Dos calles más y a la izquierda otra vez, después a la derecha, a la derecha y habremos llegado.
-La primera a la izquierda, ¿y después qué?
-No, la primera a la... Por aquí, gira, gira.
-¿Por aquí?
-Según el mapa el hostel que buscamos está aquí.
-Aquí no hay nada.
-Nos habremos pasado. Gira a la derecha y luego otra vez a la derecha y a la derecha y volvemos a intentarlo.
-Sigue sin haber nada.
-Pero el mapa dice que...

Esto es lo que pasa si se viaja con una guía de hace 4 años. Uno puede llegar a Adelaide buscando "el paraíso de los mochileros..." y encontrarse con el albergue cerrado y abandonado.
-¿Y ahora, qué?
Pues ahora gira a la derecha o a la izquierda o la primera a la derecha y dos después a la izquierda porqué esta ciudad está llena de hostels para backpackers. Por suerte nosotros encontramos uno de esos que lo tiene todo: cocina espaciosa, salón-comedor, sala de lectura, sala de la tele, sala de juegos, lavandería con lavadora, secadora y plancha, billar y hasta ping-pong. Tan bueno es que casi se nos olvida visitar Adelaide. Pero el hostel también tiene bicicletas de alquiler gratis. Bueno, el hostel no, una empresa situada a la vuelta de la esquina. Intentamos adivinar dónde está el negocio en prestar las bicicletas para un día entero de forma totalmente gratuita pero nuestra nacionalidad no nos deja entenderlo. ¿Gratis? ¿A cambio de qué? Ni siquiera intentan vendernos otra cosa, no nos dan ninguna charla. Gratis gratis. Australia nos encanta.



Y visitamos Adelaide montados en una bicicleta gratis gratis. Adelaide es una ciudad bonita, no demasiado grande. Un río la atraviesa, y si lo sigues puedes llegar hasta la playa a través de un bonito parque y una de esas zonas residenciales de película, o de serie de tv3 antigua en la que salía Nicole Kidman (neeeeeeeeighboooors, na na na na na na naaaaaa na na ná).

12 kilómetros después llegamos a la playa, una playa de invierno, larga, con olas y gente que pasea al perro cerca de la orilla. Aprovechamos el sol del mediodía para jugar con la cámara de fotos bajo los que, de seguro, serán nuestros últimos momentos de calor en este país.




Agotados, pero aún con algo de brisa marina en el rostro, volvemos al hostel. Tenemos dos nuevos compañeros de habitación: Elvis y Marco, dos italianos que dejaron sus trabajos como chefs en Italia para recorrer Australia. Cuando se quedan sin dinero trabajan un tiempo en una granja, ganan algo de dinero y siguen su camino. Tienen 21 años y un futuro sin planes preestablecidos. Improvisan. ¿Salimos? Claro. Nos vamos en busca de un bar barato (?¿?!!¿) No existen bares baratos en Australia. No los busquen. Así que acabamos comprando cerveza para llevar.
-¿Se puede beber cerveza en la calle?
-Solo más allá del cuadrado que dibujan la North Tce, la South Tce, la West Tce y el río. El centro es una zona seca y no se puede beber alcohol, pasado el río podéis beber donde queráis.
Y se puede beber dónde se quiera si se lleva un buen jersey y un anorak, si no después de la primera cerveza toca retirada. Son las 11,30h, tardísimo para los que viven en una furgoneta y se levantan y acuestan con el sol.


Al día siguiente nos espera la Paqui en el parking para enfilar hacia la península de Fleurieu.

G&C



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sábado, 19 de mayo de 2012

AUTRALIA MERIDIONAL "El final de la Stuart Highway"


AUTRALIA MERIDIONAL
El final de la Stuart Highway

COOBER PEDY
Los frikys de la Stuart 2

Después de ver Ayers Rock no hay muchas más paradas interesantes en la Stuart Highway hasta Coober Pedy, esta algo lejos, pero decidimos pasar el día entero en la carretera para llegar y no perder una noche por el camino.
Coober Pedy es un pueblo muy friky. En Coober Pedy y los alrededores se puede encontrar ópalo, así que buscadores de tesoros de todo el mundo llegan a Coober Pedy con la esperanza de hacer el hallazgo que les hará millonarios. Por todas partes se puede ver lo que ellos llaman en sus folletos publicitarios "un paisaje lunar" pero que en realidad no es otra cosa que los montones de arena que las perforaciones sacan a la superficie. 


Además Coober Pedy se caracteriza por ser un pueblo bajo tierra. Casas, tiendas y hasta el camping en el que pasamos la noche se construyen bajo tierra emulando las minas que rodean al pueblo. Ellos dicen que construyen bajo tierra debido a las altas temperaturas del verano y las bajas del invierno, pero nosotros sabemos la verdad: ¡construyen bajo tierra para esconderse de las moscas! Hay millones de moscas por todas partes. 
Las moscas son un autentico problema en el outback, son tan pesadas que es imposible estar al aire libre sin desesperarse. Los australianos han encontrado una solución que hace las delicias de los chinos, ¡un sombrero con mosquitera! Es un sombrero del estilo Coronel Tapioca con una mosquitera incorporada que cubre la cara entera. Es algo que solo pueden vestir australianos y chinos, al resto del mundo le da una mezcla entre pereza y vergüenza ponerse un sombrero de este tipo. Aunque pasarse el día espantando moscas no es una solución mucho mejor. Para cenar al aire libre hay que esperar a que caiga la noche, entonces las moscas desaparecen (claro que entonces es cuando aparecen los mosquitos...).

    
Espantando una mosca
Nos vamos a dormir pronto, no hay mucho que hacer en el camping, sobretodo porqué el gran reclamo de la sala de televisión con internet ni tiene televisión ni internet, las habrán escondido bajo tierra...


PORT AUGUSTA
Visto y no visto

Nos despertamos pronto sabiendo que hoy toca carretera, mucha carretera, tenemos ganas de llegar a Adelaida. La Stuart Highway ha sido una bonita etapa del viaje pero ya nos apetece cambiar de aires. Aunque hay que reconocer que después de más de 2500 kilómetros la Stuart aún nos sigue sorprendiendo. De repente el desierto se convierte en lago, y a ambos lados de la carretera aparecen de la nada amplios lagos de aguas tranquilas. Nos gusta pensar que es la manera que tiene la Stuart de despedirse de nosotros, con sorpresas de último momento. 
La que más agradecemos es una área de servicio-camping. En realidad es solo una área de descanso provista de un par de mesas de picnic, pero a lo largo del tiempo la gente la ha ido usando para pasar la noche. Un día alguien abrió la pequeña verja que la cerraba y la traspasó en dirección contraria a la carretera con su coche, más tarde otros lo hicieron con sus furgonetas y después otros con la caravana. Y poco a poco se fueron perfilando las parcelas, cada una con su sombra y su sitio delimitado para encender un fuego. Y hoy al llegar nosotros nos encontramos un bonito camping gratis en el que pasamos una buena noche (cuando se van las moscas). 
Mañana llegaremos a Port Augusta y la pasaremos de largo dirección Adelaida. Y atrás nos quedarán 2711 kilómetros de Stuart Highway.

G&C

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martes, 15 de mayo de 2012

TERRITORIO DEL NORTE (PARTE 2) "A través de la Stuart Highway"



TERRITORIO DEL NORTE (PARTE 2)
A través de la Stuart Highway
Día 5: De las Canicas del Diablo a las Cordilleras McDonnell
Restándole kilómetros a la Stuart Highway
Nos levantamos cuando el sol empieza a bañar las Canicas del Diablo con la luz perezosa de un nuevo día de carretera. Y antes de lanzarnos a devorar kilómetros dedicamos un paseo matinal a estas curiosas rocas redondeadas que nos han resguardado del viento durante la noche.



Las carreteras suelen ser para dormir, para pensar, para evadirse y esperar la llegada a destino. Pero esta no es una carretera cualquiera. Ni este un país para dormirse. El paisaje cambia rápido, de la vegetación más arisca a los árboles verdosos, de los abruptos montes de poca altitud a las nubes blanquecinas, todo merece al menos un vistazo.


Nuestro objetivo de hoy son las Cordilleras McDonnell, unas cordilleras que atraviesan la Stuart Highway de este a oeste a la altura de Alice Springs. Llegamos a la hora de comer al Simpsons Gap, una área de picnic situada en el mismo parque nacional de las Cordilleras y con las habituales cocinas de gas gratuitas. El lugar es un profundo barranco en la cordillera causado por la erosión de un río que raramente lleva agua.


Después de comer nos seguimos adentrando por las Cordilleras McDonnell occidentales hasta Ellery Creek Big Hole, un camping con una espectacular poza de aguas amarillentas y un par de senderos que recorren las gargantas de los alrededores. Acampamos y vamos a investigar la poza, con la caída del sol y completamente solitario, el lugar parece retener para sí mismo toda su belleza.
Aprovechamos una vez más las maravillosas instalaciones para cocinar sin gastar nuestro gas y nos vamos a dormir con la promesa de visitar el lugar a la mañana siguiente. 
Día 6: De las Cordilleras McDonell a Stuart Well
Alice Springs y los frikys de la Stuart 1

Lo prometido es deuda, así que al despertarnos toca calzarse las botas de trekking. Hay dos caminos que salen del camping, uno en dirección este y otro en dirección oeste. Después de perdernos un par de veces para encontrar el inicio del camino, conseguimos salir del camping hacia el este y recorrer algunas de las gargantas de las McDonnell. Un camino de vegetación escasa y seca que aprovechamos para recoger leña para nuestras futuras hogueras.


Tres kilómetros después volvemos al camping por el mismo camino. Volvemos en busca de la poza que vimos ayer, después de la caminata apetece un chapuzón, aunque el lugar es maravilloso el baño termina rápido debido a la temperatura del agua. Esta helada. 


Comemos algo y antes de seguir Stuart abajo pasamos por Alice Springs, pueblo que marca la mitad de la Stuart Highway y que ha sido para nosotros una meta en sí mismo. Aprovechamos la parada en Alice para abastecernos de provisiones y gasolina, y para acceder a Internet. 
De nuevo en ruta, el sitio escogido para parar es Stuart Well. No lo escogemos por nada especial, simplemente se nos hace de noche y paramos en el siguiente pueblo. A estas alturas de la Stuart Highway no hay mucho donde escoger y los pueblos están separados entre ellos por centenares de kilómetros. Pero resulta que acertamos, hemos ido a parar al sitio más friky (por el momento) de la carretera. Este camping es famoso gracias a Dinky, un lobo que canta y toca el piano. Y si hacemos caso a lo que dicen sus dueños es famoso hasta en Europa, donde ha salido en varias publicaciones y en programas de tele. Sea como sea no parece atraer a muchos turistas porque en el camping solo hay una caravana a parte de nosotros.
Día 7: De Stuart Well a Curtin Spring
El camping gratis
Al despertarnos nos damos cuenta de que Dingo no es el único animal que corre por el camping de Stuart Well, también hay algunos emués y camellos.
Hoy no conducimos demasiado, y a la hora de comer ya hemos llegado a Curtin Spring, un camping gratuito que supone la última parada antes de la ansiada Ayers Rock. Cerca del camping esta el monte Connor, un monte que, de lejos, se parece a Ayers Rock, así que es casi tan fotografiado como el original.



Todo preparado para mañana, el día esperado, el día en que veremos una roca enorme en medio del desierto.
Pasamos el día en el camping, esperando la llegada de la noche para poder encender un trabajadísimo fuego con la leña que recogimos en las Cordilleras McDonnell. La hoguera resulta un éxito absoluto, nos sirve tanto para cocinar como para alargar la sobremesa al calor del fuego, viendo la tele de los hippies. Y a Carles le sirve además para autoproclamarse Sr. del fuego.

Dia 8: Ayers Rock
"It's just a rock"

Nos levantamos pronto. Por fin ha llegado el día. Hoy veremos la famosa roca. En Darwin Jacob nos decía riendo "Pero si solo es una roca", y ese es precisamente su principal atractivo, que solo es 1 roca, una roca enorme en medio del desierto. A medida que nos acercamos la roca se va perfilando en el horizonte, hasta que llegamos al mirador de la puesta de sol, ahora desierto pero que de seguro estará lleno a las 6 de la tarde, cuando el sol desaparezca a nuestras espaldas.

Hay un camino que rodea la roca entera. Según el prospecto informativo son 3 horas y media de caminata, pero nosotros, para seguir con nuestras costumbres lo acabamos en 2 horas. Será que estamos en mejor forma física de lo que pensábamos, o que tenemos hambre. El sendero es llano y fácil y permite ver la roca en todo su esplendor. Hay otro camino que escala la roca, pero el pueblo aborigen ruega al visitante que no suba por respeto a sus creencias y a su cultura, aún así mucha gente sube. Nosotros decidimos ser respetuosos con aquellos que han cuidado de este lugar hasta la fecha y no subimos.



A pocos kilómetros de la roca están los Olgas, unos montes redondeados casi tan espectaculares como su vecino. Dedicamos la tarde a explorarlos antes de volver al mirador del atardecer al que, por cierto, llegamos los primeros. 
Poco a poco el mirador se va llenando de gente, en su mayoría matrimonios mayores australianos que sacan sus sillas de camping y su vinito para disfrutar del espectáculo que supone el ocaso. Nosotros decidimos imitarlos, sacamos nuestras sillas y unas cervezas (el presupuesto no da para vinos).
La puesta de sol cambia la roca de color, desde el amarillo al rojo más intenso y luego al gris, hasta desaparecer en la oscuridad. O hubiera desaparecido si no fuera por una luna llena y enorme que convierte un buen día en un día perfecto. No solo estamos en la otra punta del mundo viendo una de las grandes maravillas de la naturaleza sino que además hay luna llena, la luna llena más grande que hemos visto en la vida.
Volvemos a dormir al camping gratis, por supuesto, y volvemos contentos. Mañana tocará seguir hacia el sur por lo que queda de Stuart Highway.




G&C



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miércoles, 9 de mayo de 2012

TERRITORIO DEL NORTE (PARTE 1) "A través de la Stuart Highway"


TERRITORIO DEL NORTE (PARTE 1)
A través de la Stuart Highway

Dia 1: De Darwin a Litchfield Park
El Top End

Darwin desaparece por el retrovisor. El viento se cuela a través de las ventanas y nos despeina. Sonreímos. Ante nosotros una recta infinita a la que llaman Stuart Highway, una carretera de 3000 kilómetros que cruza el país de norte a sur, nos depara un gran viaje . Y en nuestros estómagos la sensación de empezar de nuevo. 
Conduciendo una furgoneta a través del desierto australiano uno tiene la sensación de que el mundo es un lugar inmenso y desconocido y el ser humano un vulgar accidente. Estamos tan lejos de todo. Los paisajes son inabarcables, no pueden encuadrarse sin más. Y el cielo parece abovedarse sobre nuestras cabezas. Australia es un país enorme, en todos los sentidos. 
Nuestro primer destino es el Parque Nacional de Litchfield, situado a unos 150 kilómetros al sur de Darwin. El parque es, como la mayoría de parques nacionales australianos, gratuito. La primera atracción de que dispone son los Termiteros Magneticos, unas montañas que hacen las termitas. La primera vez que las vemos resultan espectaculares pero más adelante las veremos a menudo a lado y lado de la Stuart Highway.

Encontramos una area de picnic y paramos a comer. La mesa se sujeta al lateral izquierdo de la furgoneta. De la parte trasera sacamos el camping gas y ya tenemos nuestras cocina montada. Comemos un exquisito pollo al chilindrón (una de las especialidades de Carles). Ya nos apetecía cocinar. Al recoger nos damos cuenta de que aquello no era el aera de picnic sino el aparcamiento del area de picnic.
Caminamos un poquito y descubrimos una increíble poza al más puro estilo el lago azul a la que van a parar dos bonitas cascadas. Pues ya tenemos plan para mañana por la mañana.

Acampamos en un camping sencillo pero acogedor dónde por primera vez montaremos las camas, las haremos, y cenaremos calentando sopa en una barbacoa.



Dia 2: De Litchfield Park a Nitmiluk Park
El Outback

Nos despertamos con los primeros rayos de sol. Empieza la actividad: deshacer las camas, doblar las sábanas, guardar los sacos, desmontar las camas, montar la mesa, preparar el desayuno, desayunar, fregar los platos, desmontar la mesa y guardarlo todo.
Antes de irnos nos acercamos a las cataratas que vimos ayer. El lugar es un sitio casi mágico. Una piscina natural coronada por dos cascadas. El agua esta fría, pero el chapuzón bien merece un pequeño esfuerzo.

Después toca ducharse y salir de nuevo a la Stuart Highway. A los pocos kilómetros una luz de motor roto se enciende en el cuadro de luces. Nos preocupamos, aunque la Paqui parece funcionar perfectamente. (La llamamos Paqui cariñosamente, su nombre real es Backpacker, la Backpacki, Backpacki significa que llevas una Paqui a la espalda, ¿no?, pues eso: la Paqui).
Paramos a comer en Pine Creek, un pueblo de dos calles anchas (como todo en Australia), unas cuantas casas y un parque. Allí estacionamos, junto a los lavabos públicos del parque y montamos el chiringuito para comer. El parque está, como es habitual, lleno de aborígenes borrachos. En Australia vivian tranquilamente los aborígenes hasta que llegaron los ingleses y les robaron sus tierras. Ahora el Gobierno lo compensa entregándoles un sueldo vitalicio que ellos invierten, básicamente, en alcohol. La relación entre blancos y aborígenes es la siguiente: no existe relación. Comparten espacios, eso es todo. El único contacto que tienen se produce cuando una cajera de supermercado le echa una bronca a un aborigen por estar enredando o un segurata lo coge por la solapa y lo tira, literalmente, fuera del súper. (Evidentemente esto es una generalización). 

Después de comer volvemos a la carretera. 89 kilómetros después llegamos a Katherine, una ciudad de 8900 habitantes que se extiende alrededor de la Stuart Highway. Paramos a repostar, al súper y buscamos un mecánico para que se mire la luz de motor roto que sigue encendida en el cuadro de luces de la Paqui.
-Eso parece un mecánico.
Una edificación parecida a una gasolinera pero sin surtidores llama nuestra atención. La valla metálica esta abierta. Entramos. Por todos lados piezas de coche parecen haber sido abandonadas a su suerte en este espacio desértico.
-Hello? Hello? Aquí no hay nadie.
Nos perdemos entre herramientas, trapos llenos de grasa, neumáticos y motores desguazados buscando a alguien que nos eche una mano, habrán cerrado. Mañana volvemos.
A pocos kilómetros de Katherine está el parque nacional de Nitmiluk. Nos acercamos hasta allí para buscar un camping donde pasar la noche. Y encontramos uno lleno de canguros. El primer canguro que vemos dispara nuestra emoción, Gemma salta del coche cámara en mano.
-Acercate más, más.
-Es que se asusta.
Y de repente:
-¡Mira! allí hay otro.
-¡Y otro!
-¡Allí otro!
Estamos rodeados. Los canguros no parecen hacernos el menor caso, y si no nos acercamos demasiado ni siquiera parece importarles nuestra presencia. Son animales curiosos, mucho más pequeños de lo que habíamos imaginado. Muy estéticos cuando saltan pero desesperadamente torpes si solo andan. Rebuscan algo entre la poca hierba que cubre el camping y no parecen tener sueño. Comprobado, no duermen por la noche. Durante toda la noche los oímos merodear cerca de nuestra furgoneta. Y al despertarnos, a la mañana siguiente, aún están allí.



Día 3: De Nitmiluk Park a Daly Waters
Mecánicos del Outback

Lo primero es lo primero, y antes que nada hay que solucionar el incómodo problema de la luz de motor roto encendida en el cuadro de luces de la Paqui. Volvemos a Katherine. Y de nuevo nos dirigimos al mecánico que localizamos ayer por la tarde. Y de nuevo el sitio parece desierto. Unas voces, un par de bocinas y aquí no aparece nadie. En general el norte de Australia es un sitio poco habitado pero esto pasa de castaño oscuro. Carles sale a investigar. Vuelve al rato, en la tienda de recambios para coches que hay al lado le han dicho que el mecánico lleva años cerrado. Evidentemente no se han molestado en quitar el cartel. Por suerte hay un par de mecánicos más en la 2nd Street (Andarán cortos de imaginación en esta ciudad porqué a la segunda calle que construyeron la llamaron la Segunda). Después de un césped esmeradamente cuidado está la entrada al primer mecánico de la Segunda calle. A mano derecha un barracón metálico sustenta orgullosos el letrero de: Oficinas. Entramos a preguntar, pero antes de poder siquiera explicar nuestro problema, las gafas ochentenas de una pelirroja de peluquería barata son debidamente ajustadas para pronunciar solemnemente la frase que nos quitará del medio: Estamos llenos, lo sentimos. Podéis probar en la puerta contigua, hay otro taller mecánico. Salimos del barracón de Oficinas del primer mecánico de la Segunda para entrar en el del segundo de la Segunda. Al lado, vamos. Esta vez las oficinas contiguas al taller son un lugar opaco regentado por un matrimonio mayor y muy del outback australiano. Ella viste pantaloncito corto y camisa y unas enormes botas de mecánico. lleva el pelo blanco anudado en una larga trenza y al vernos entrar se tensa y mira a su marido, vestido con un mono azul mecánico de arriba a bajo, que sustenta una caja de herramientas. Empezamos a describir lo que nos ha traído hasta allí pero no podemos acabar. Nos dicen, sin mirarnos, que no pueden ayudarnos. Que no, que no. ¡Pero si ni siquiera les hemos explicado cuál es el problema! Parece que por aquí los extranjeros no son muy bien recibidos.
Resolvemos dirigirnos al centro de visitantes a preguntar por un mecánico al que no le den miedo los forasteros. Nos atiende una mujer de ancha sonrisa (y anchas espaldas, y anchas caderas y anchas manos… una australiana, vamos). Que nos dice que a su marido le pasó lo mismo, se le encendió la luz de motor roto y al final… el final de la historia no lo entendemos porqué el acento australiano es incomprensible. De verdad, que empezamos a sospechar que no hablan inglés sino un idioma inventado para despistarnos. La mujer ancha nos marca en un mapa los mecánicos que, a su juicio, podrán ayudarnos en nuestro problema como ayudaron en su día a su marido. Y en el último de ellos encontramos la solución. Un señor sin dientes y con gorro de lana llama a voces a un chico muy rural que viste bermudas, camisa gris y naranja de mecánico y unas enormes botas. Parece dispuesto a ayudarnos. Mientras su padre nos pregunta por el tiempo. Le interesa especialmente si creemos que hace frío o calor.
-Calor- contestamos al unísono. Y él suelta una carcajada.
-No, no, ahora es invierno- nos aclara.
¿Invierno? ¡Pero si vas en pantalón corto! Su hijo ha revisado el motor y la electrónica del coche y concluye:
-Esto es solo una estúpida luz.
-Entonces, ¿no hay que preocuparse?
-Para nada.
Le hacemos caso, que el chico parece que sabe de lo que habla. Y salimos de nuevo a la carretera.  

Unas horas después el hambre nos hace parar en Mataranka y encontramos, por casualidad, Bitter Springs, una piscina termal de un color casi irreal en la que uno se mete y es arrastrado por la corriente en un divertido tour. Todo es natural, y eso es lo más curioso, que no se trata de una atracción acuática inventada por el hombre.

250 kilómetros al sur de Katherine topamos con un típiquísimo pub del outback australiano. El lugar está decorado de una forma de lo más curiosa. Carnets de todo tipo cubren la barra, en las paredes camisetas, chanclas, y todo lo que los viajeros han ido dejando a su paso. El pub, además, dispone de una zona de acampada donde nos quedamos a pasar la noche. Todas las noches hay espectáculo. Chilli es un típico australiano que hace chistes y canta canciones acerca del outback. Tiene un acento tan típico australiano que no entendemos nada. Nos vamos a dormir.


Día 4: De Daly Water a Las canicas del Diablo
Historias de carretera
La mañana no difiere mucho de las demás, desmontar camas, montar mesa, desayunar, fregar los cacharros, desmontar mesa y ya estamos de nuevo en la carretera.


A lo largo de la Stuart Highway hay episodios que se repiten, por ejemplo, es normal ver como a un lado de la carretera un pequeño incendio se ha originado de forma espontánea debido a lo seca que esta la vegetación. Se apaga sólo, cuando el arbusto en cuestión se consume entero y el fuego no encuentra por donde seguir. Otra escena que se repite a menudo es la de una bandada de pájaros en medio de la carretera que eleva el vuelo al oír acercarse un coche. Al hacerlo deja al descubierto su presa, normalmente un canguro atropellado previamente. Además hay costumbres que se deben observar, por ejemplo, al cruzarse con un coche que viene en dirección contraria hay que saludar, a parte del saludo tradicional (levantar una mano) se aceptan versiones como levantar los dedos índices del volante, o levantar el pulgar. Si se es muy efusivo se puede incluso sacar la mano por la ventana. Cuando uno se cruza con un coche con un cartel en el que se puede leer: Oversize es que detrás viene un camión que transporta algo muy grande, en bastantes ocasiones una casa. Sobretodo cerca de Adelaide, dónde el negocio de las casas prefabricadas parece estar en alza. A veces van dos camiones oversize seguidos, el segundo lleva la piscina.


Esta noche la carretera nos depara una agradable sorpresa, llega la hora de parar a dormir y buscamos en la guía una opción cercana y barata. 
-Aquí dice que junto a la carretera están las Canicas del Diablo, unas formaciones rocosas originadas por la erosión de lo que una vez fue lava.
-¿Pero hay camping?
Y como hay camping paramos, y nos encontramos con un peculiar paisaje de rocas redondas que a la luz del atardecer adquieren este rojo tan australiano que no decepciona nunca. 
Instalados en el camping con las Canicas del Diablo detrás decidimos hacer una tortilla de patatas a oscuras que acaba en revoltillo. De repente aparece una furgoneta como la nuestra, derrapa junto a nosotros, el chico salta del interior y monta la mesa, ella pone encima el camping gas, él corta verduras, y antes de que podamos reaccionar, ella se encuentra ante nosotros pidiéndonos aceite. ¡Y nosotros que hemos tardado una hora para hacer nuestro revoltillo! 


La noche cae sobre las Canicas del Diablo, aunque la luna está de nuestra parte e ilumina el lugar casi como lo haría el mismo sol. Mañana la Stuart Highway nos espera de nuevo y durante 4 días más. Pero eso ya será la Segunda Parte.

G&C



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